EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA
Por problemas cardiacos he pasado dos semanas ingresado en el hospital Infanta Sofía en San Sebastián de los Reyes. Aunque todo es mejorable, creo haber recibido la atención adecuada hasta que el equipo médico me dio el alta. Me despedí amablemente y volví a casa. Nadie me pidió ni un céntimo.
Muchas veces he pensado qué habría pasado si eso me ocurre en EE.UU. Allí no hay una sanidad pública como la española. Probablemente eso me hubiera supuesto la ruina. A no ser que hubiera estado pagando un seguro carísimo, y a ver si realmente me cubría todos los posibles gastos
Naturalmente un gobierno neoliberal –como es el de la Comunidad de Madrid—hará todo lo posible para ir privatizando poco a poco todos los servicios sanitarios que pueda, hasta convertir la sanidad en un negocio más.
Es nuestra tarea defender a capa y espada la Sanidad Pública. Es mucho lo que nos jugamos.
COMENTARIO
El breve pero contundente testimonio de Antonio Zugasti pone en evidencia uno de los grandes campos de batalla de nuestra época: la defensa de los servicios públicos frente a la ofensiva privatizadora impulsada por las élites económicas. La anécdota personal que relata –un ingreso hospitalario en un centro público sin coste alguno– contrasta de forma radical con lo que habría ocurrido en un sistema sanitario como el estadounidense, donde la salud es tratada como una mercancía y no como un derecho. Esta comparación resume, de forma elocuente, una lucha estructural: la del interés general frente a la lógica del beneficio.
Lo que está en juego no es solo la calidad o el acceso a los servicios sanitarios, sino el modelo mismo de sociedad que queremos. Durante la segunda mitad del siglo XX, en un contexto internacional marcado por la existencia de una alternativa socialista fuerte y expansiva, los estados capitalistas se vieron obligados a ofrecer a sus poblaciones ciertos niveles de bienestar y protección social. Esa "paz social" fue una concesión táctica, destinada a evitar que las clases trabajadoras se sintieran atraídas por el ejemplo del bloque soviético y otras experiencias socialistas. La sanidad pública, la educación gratuita, las pensiones dignas y el acceso a la vivienda no surgieron del altruismo de las élites, sino de una correlación de fuerzas que las obligaba a ceder terreno.
Sin embargo, con la caída de los principales referentes del socialismo real, esa presión disminuyó radicalmente. Desde entonces, asistimos a una ofensiva sistemática del capital para desmontar esas conquistas sociales. Lo que antes era considerado un derecho, hoy se redefine como un privilegio al alcance de quien pueda pagarlo. La sanidad, la educación o la vivienda son cada vez más tratadas como nichos de negocio. Los gobiernos de orientación neoliberal, como el de la Comunidad de Madrid, desempeñan un papel clave en esta estrategia: promueven la externalización de servicios, favorecen a empresas privadas con fondos públicos y socavan la calidad de lo público para justificar su progresiva desaparición.
Lo más preocupante es que amplias capas de la población que sufren directamente las consecuencias de esta deriva neoliberal no siempre reconocen el proceso en marcha. La hegemonía cultural de la derecha, amplificada por los grandes medios de comunicación, logra que muchas personas voten en contra de sus propios intereses de clase. La ignorancia inducida y la desinformación se convierten en herramientas fundamentales del sistema para perpetuar la dominación.
En este contexto, la tarea de concienciación es urgente. No basta con defender lo público de forma reactiva: hay que articular un discurso claro que desenmascare la propaganda reaccionaria, racista y xenófoba que pretende desviar la atención de los verdaderos responsables del malestar social. La lucha por la sanidad pública es solo una parte del combate más amplio por una sociedad justa, solidaria y verdaderamente democrática, donde el bienestar colectivo prime sobre los intereses del capital.