HARENDT, “Responsabilidad y juicio”
Libertad determinismo perdón amor - acción: fe y esperanza (posibilidades
de acción, de cambio, de superar el determinismo) Pgs 254-265 de “La condición
humana”
Arendt, como Kant, considera la libertad individual como una idea metafísica, no
demostrable, porque las leyes de la naturaleza en su conjunto abarcan también a las
relaciones sociales. La creencia común de que somos libres se basa en una ilusión
.Arendt lo expresa así:
“La gran tradición del pensamiento occidental acusa a la libertad de atraer al hombre
a la necesidad, condena la acción, el espontáneo comienzo de algo nuevo, ya que sus
resultados caen en una predeterminada red de relaciones que invariablemente
arrastran con ellas al agente, quien parece empeñar su libertad en el instante que hace
uso de ella”(254)
Es decir, creo yo, que si hacemos uso individual de la libertad, paradójicamente, la
pluralidad de “libertades” individuales hace que el conjunto de las relaciones sociales se
rijan por leyes deterministas, como pone de manifiesto la aplicación de la estadística a
las actividades sociales, que si no es exacta en sus predicciones es por no tener una
técnica suficientemente desarrollada.
Las acciones humanas son determinadas por leyes sociales, dentro del conjunto de las
leyes de la naturaleza. ¿No hay por tanto acción de las personas capaz de cambiar una
situación histórica dada?.
HANNA ARENDT
y lo cristiano
Comentario del
libro:
RESPONSABILIDAD
Y JUCIO
por: Manuel Fonseca
La Acción debe buscar la unidad porque es la única fuente de poder profundo
(distingue entre poder que solo lo tiene el pueblo unido, y fuerza que tienen los
autócratas: reyes, dictadores etc.).
Frente a que las acciones humanas tienen consecuencias irreversibles, está el
perdón, sin el cual quedaríamos fijados por la acción pretérita; y frente a la
imposibilidad de predecir el futuro por lo caótico y complejo de las interacciones
sociales, está el acuerdo que nos permite orientar nuestra acción hacia el futuro
En cuanto al perdón:
Sin ser perdonados, liberados de las consecuencias que hemos hecho, nuestra
capacidad para actuar quedaría, por decirlo así, confinada a un solo acto del que
nunca podríamos recobrarnos; seríamos siempre víctimas de sus consecuencias,
semejantes al aprendiz de brujo que carecía de la fórmula mágica para romper el
hechizo. Sin estar obligados a cumplir las promesas, no podríamos mantener nuestras
identidades, estaríamos condenados a vagar sin dirección fija, en la obscuridad de
nuestro solitario corazón…”Por tanto ambas facultades dependen de la pluralidad,
de la presencia y actuación de los otros”...”el perdón y la promesa realizados en
soledad o aislamiento carecen de realidad “ (257)
“La posible redención del predicamento de irreversibilidad (…) es la facultad de
perdonar. El remedio de la imposibilidad de predecir, de la caótica inseguridad del
futuro, se halla en la facultad de hacer y mantener promesas” (256)
Para Arendt esto sería un milagro. Pero los milagros existen, aunque sean infrecuentes e
impredecibles. La referencia para ella es Jesús de Nazaret. Porque es él quien
plantea el Perdón como un acto humano fundamental, entendido como cambio de
mentalidad en el sujeto que es aceptado por el otro por amor. Esto hace posible el
milagro del cambio. El amor descubre en el otro dimensiones desconocidas para el
otro mismo, y posibilita la fe y confianza en un nuevo pacto, y la esperanza en el
mundo, en la renovación de la especie humana, ante cualquier nuevo nacimiento.
“El descubridor del papel del perdón en la esfera de los asuntos humanos fue Jesús de
Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo
articulara en un lenguaje religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un
sentido estrictamente secular” (258)
Para Arendt el perdón “es el extremo opuesto de la venganza”, no del castigo. La
venganza sigue ligada, presa del acto contra el que reacciona, y conlleva una serie sin
fin de actos similares. El perdón supone una ruptura con el acto, con el “pecado”,
inicial.
“La libertad contenida en la doctrina de Jesús sobre el perdón es liberarse de la
venganza, que incluye tanto al agente como al paciente en el inexorable automatismo
del proceso de la acción, que por sí mismo nunca necesita finalizar” (260)
En cuanto a la relación entre el amor y el perdón “este es el motivo de la convicción
corriente de que solo el amor tiene el poder para perdonar. Porque el amor, aunque
sea uno de los hechos más raros en la vida humana (dice Arendt que son los poetas los
que han dado lugar a esta irreal generalización del amor), posee un inigualado poder de
autorrevelación y una inigualada claridad de visión para descubrir el quien (…) más
que por lo que sea la persona amada, con sus virtudes y defectos no menos que sus
logros, fracasos y transgresiones”.(260)
En cuanto a la imposibilidad de predecir y el poder del acuerdo:
Los asuntos humanos tienen una doble obscuridad: la inhabilidad del hombre para
confiar en mismo, y de como va a ser mañana; y la imposibilidad de pronosticar las
consecuencias de su acción, condicionada por las múltiples interacciones de la
pluralidad.
“La función de la facultad de prometer es dominar esta doble obscuridad de los
asuntos humanos”.(262)
Para Arendt la libertad que no admite limitaciones de pactos, de acuerdos, lleva al
individualismo que imposibilita reconducir los procesos sociales, la historia. Busca una
salida a la fatalidad que conlleva el determinismo histórico.
Si fuera cierta la fatalidad, “sería igualmente cierto que todo lo que se hace en la
historia está predeterminado”(264)
Y para ella son el perdón y el acuerdo los que posibilitan evitar la fatalidad, porque
permiten reiniciar, cambiar, y hacer propuestas, planes, más allá de las leyes estadísticas
con alguna posibilidad de futuro.
“Sin la acción y el discurso (…) sin la facultad para deshacer lo que hemos hecho y
controlar al menos parcialmente los procesos que hemos desencadenados, seríamos las
víctimas de una automática necesidad con todos los signos de las leyes
inexorables…”(264)
“Los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar (…)la
acción, considerada desde el punto de vista de los procesos automáticos que parecen
determinar el curso del mundo, semeja a un milagro. En el lenguaje de la ciencia
natural, es la “infinita improbabilidad lo que se da regularmente”. De hecho, la acción
es la única facultad humana de hacer milagros, como Jesús de Nazaret (…) debió
conocer muy bien al comparar el poder de perdonar con el más general de realizar
milagros, poniendo ambos al mismo nivel y al alcance del hombre” (264/265).
Arendt, como S. Weil, consideran que la libertad humana es algo “contra natura”, no
deducible ni demostrable por la razón. Para Kant la libertad era una de las tres ideas
metafísicas, junto con la de Dios y la inmortalidad, que caen fuera de la razón teórica.
Me parece que estos tres grandes pensadores sitúan la libertad en algo transcendente,
más allá de las leyes de la Naturaleza. Arendt habla de “milagro”
Termina así el capítulo:
“Sólo la plena experiencia de esta capacidad (de comenzar) puede conferir a los
asuntos humanos fe y esperanza, dos esenciales características de la existencia,
humana que la antigüedad griega ignoró por completo” (…)“Esta fe y esperanza en
el mundo encontró tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras
que en los evangelios anuncian la gran alegría: “Os ha nacido hoy un Salvador”
(265)
Sobre la vida como valor supremo y la inmortalidad:
Arendt señala como una consecuencia de la modernidad, y de la duda que se instaló
desde Descartes como principio y límite del conocimiento (sin la duda no hay avance en
el conocimiento; pero la duda es consustancial como consecuencia de la incapacidad de
los sentidos y de la razón humanas para llegar a lo real), el paso de la idea del ser a la
de proceso, No sabemos el qué, sino como de las cosas.
La vida humana se convierte en el valor supremo porque es donde se juntan lo
externo y lo interno, lo físico y la introspección, la material y la conciencia. En los
demás campos el hombre queda encerrado en mismo sin tener seguridad de conectar
con lo real.
El cristianismo hizo una aportación de fondo al darle un carácter sagrado a la
vida, y además proclamar la inmortalidad individual.
La vida es sagrada, es el valor supremo. Lo sagrado de la vida da valor a la labor, a las
actividades que mantiene la vida, las tareas domésticas que estuvieron reservadas a los
esclavos y a las mujeres
“La razón de que la vida se afirmara como fundamental punto de referencia en la
Época Moderna y que siga siendo el supremo bien de la sociedad moderna, radica en
que la inversión moderna operó en la estructura de una sociedad cristiana cuya
creencia principal en la sacralidad de la vida ha sobrevivido e incluso permanece
inamovible- a la secularización y la general decadencia de la fe cristiana”
La idea cristiana de la inmortalidad de la vida humana supuso una
inversión fundamental de valores:
- El individuo humano que era la cosa más mortal pasa a ser inmortal con respecto
a la naturaleza que tiene un final.
- Los desesperados tienen ahora una esperanza contra toda esperanza de fracaso y
de muerte.
- La búsqueda de la gloria mundana pasa a ser secundaria en relación a la
inmortalidad. La política que era un camino para conseguir la gloria y la
inmortalidad mundana, se hace una actividad terrena.
- La fe en la inmortalidad, en la vida eterna, no solo no quita importancia a la vida,
sino que la refuerza, porque no hay vida eterna sin vida previa.
“Porque la buena nueva de la fe cristiana sobre la inmortalidad de la vida humana
individual invirtió la antigua relación entre el hombre y el mundo y elevó la cosa más
mortal, la vida humana, a la posición de la inmortalidad, hasta entonces ocupada por
el cosmos.
Históricamente, es más que probable que el triunfo de la fe cristiana en el mundo
antiguo se debió en gran parte a esta inversión, que llevó la esperanza a quienes sabían
su mundo condenado, una esperanza más allá de la esperanza, puesto que el nuevo
mensaje prometía una inmortalidad que nunca se habían atrevido a esperar. Dicha
inversión fue desastrosa para la estima y dignidad de la política” (332)
“Fue precisamente la vida individual la que paa ocupar el puesto que tenía en otro
tiempo la “vida” del cuerpo político”(333)
“En cualquier caso, la inmortalidad cristiana concedida a la persona, cuya unidad
comienza la vida con el nacimiento en la Tierra, no solo dio por resultado el
incremento de otra mundanidad, sino también una enorme importancia a la vida
terrena”(…) “Cabe que la vida terrena no sea s que la primera y más miserable
etapa de la vida eterna; a pesar de todo, es vida, y sin esta vida que terminará con la
muerte, no puede haber vida eterna” (334)
Me parece interesante esta valoración de la inmortalidad como factor que no disminuye
sino que incrementa el valor de la vida individual, que difiere de la valoración del
marxismo corriente que critica como opio para esta vida el creer en la eterna.
Arendt insiste en esta idea al analizar la pérdida de la fe en la inmortalidad que se siguió
a la duda metódica y a la crítica filosófica de la metafísica:
“La vida individual se hizo mortal de nuevo, tan mortal como lo había sido en la
antigüedad, y el mundo fue menos estable, menos permanente, y por consiguiente
menos digno de confianza que lo había sido durante la era cristiana(…) “el hombre
moderno no ganó este mundo cuando perdió el otro, ni tampoco estrictamente
hablando ganó la vida. Se vio obligado a retroceder y a adentrarse en la encerrada
interioridad de la introspección, donde lo máximo que pudo experimentar fueron los
vacíos procesos de calculo de la mente, su juego consigo misma”(337)
Al perder la inmortalidad de la vida individual, el hombre moderno “socializa” la
vida: ya no es el individuo sino la especie, y no son los individuos los que actúan, los
que hacen la historia, sino las clases:
“En el auge de la sociedad lo último que se afirmó fue la vida de la especie” (…) Marx
transformó el concepto de economía clásica, que todos los hombres en la medida que
actúan lo hacen por el propio interés- en fuerzas de interés que mueven a las clases
sociales, y cuyos conflictos dirigen a la humanidad como un todo” (…) “el sujeto de
dicho interés es la humanidad o las clases, pero nunca el hombre o los hombres” (…)
“Quedó una fuerza natural, la fuerza del propio proceso de la vida, al que todos los
hombres y todas las actividades están sometidos (“el proceso del pensamiento es un
proceso natural”) y cuyo único objetivo, si es que había alguno, era la supervivencia de
la especie animal del hombre” (338)
Con la pérdida de la individualidad desaparece no solo la contemplación, sino el
pensamiento, que se convierte en cálculo matemático, cálculo de las consecuencias, y
la acción humana se reduce a fabricar mercancías, y asumir un tipo funcional de
conducta. Arendt llega a decir que lo malo no es que el behaviorismo sea erróneo sino
que podrían llegar a ser verdadero, que sea la mejor conceptualización de de ciertas
tendencias de la sociedad moderna.
“Resulta fácilmente concebible que la época moderna que comenzó con una
explosión de actividad humana tan prometedora y sin precedente acabe en la
pasividad más mortal y estéril de todas las conocidas por la historia” (339).
En cuanto a la valoración de los científicos como el único cuerpo social que todavía
parece que “aún saben cómo actuar y mo hacerlo de común acuerdo”, de modo que
se han convertido en modelos para el conocimiento, y “en los s poderosos focos
generadores de poder en toda la historia. Pero la acción de los científicos, puesto que
actúa en la naturaleza desde el punto de vista del universo y no en la trama de las
relaciones humanas, carece del carácter revelador de la acción, así como de la
habilidad para crear relatos y hacerse histórica, factores que juntos son la fuente de
donde surge la plenitud de significado que ilumine la existencia humana” (341)