La idea cristiana de la inmortalidad de la vida humana supuso una
inversión fundamental de valores:
- El individuo humano que era la cosa más mortal pasa a ser inmortal con respecto
a la naturaleza que tiene un final.
- Los desesperados tienen ahora una esperanza contra toda esperanza de fracaso y
de muerte.
- La búsqueda de la gloria mundana pasa a ser secundaria en relación a la
inmortalidad. La política que era un camino para conseguir la gloria y la
inmortalidad mundana, se hace una actividad terrena.
- La fe en la inmortalidad, en la vida eterna, no solo no quita importancia a la vida,
sino que la refuerza, porque no hay vida eterna sin vida previa.
“Porque la buena nueva de la fe cristiana sobre la inmortalidad de la vida humana
individual invirtió la antigua relación entre el hombre y el mundo y elevó la cosa más
mortal, la vida humana, a la posición de la inmortalidad, hasta entonces ocupada por
el cosmos.
Históricamente, es más que probable que el triunfo de la fe cristiana en el mundo
antiguo se debió en gran parte a esta inversión, que llevó la esperanza a quienes sabían
su mundo condenado, una esperanza más allá de la esperanza, puesto que el nuevo
mensaje prometía una inmortalidad que nunca se habían atrevido a esperar. Dicha
inversión fue desastrosa para la estima y dignidad de la política” (332)
“Fue precisamente la vida individual la que pasó a ocupar el puesto que tenía en otro
tiempo la “vida” del cuerpo político”(333)
“En cualquier caso, la inmortalidad cristiana concedida a la persona, cuya unidad
comienza la vida con el nacimiento en la Tierra, no solo dio por resultado el
incremento de otra mundanidad, sino también una enorme importancia a la vida
terrena”(…) “Cabe que la vida terrena no sea más que la primera y más miserable
etapa de la vida eterna; a pesar de todo, es vida, y sin esta vida que terminará con la
muerte, no puede haber vida eterna” (334)
Me parece interesante esta valoración de la inmortalidad como factor que no disminuye
sino que incrementa el valor de la vida individual, que difiere de la valoración del
marxismo corriente que critica como opio para esta vida el creer en la eterna.
Arendt insiste en esta idea al analizar la pérdida de la fe en la inmortalidad que se siguió
a la duda metódica y a la crítica filosófica de la metafísica:
“La vida individual se hizo mortal de nuevo, tan mortal como lo había sido en la
antigüedad, y el mundo fue menos estable, menos permanente, y por consiguiente
menos digno de confianza que lo había sido durante la era cristiana” (…) “el hombre
moderno no ganó este mundo cuando perdió el otro, ni tampoco estrictamente