El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Mt. 4, 16) se nos decía en la
liturgia de la Navidad. La medida de regularización de inmigrantes, que el Arzobispo
cuestiona, es una gran luz para las 500.000 personas que se beneficiarán del real decreto
para una regularización extraordinaria; una medida que responde a una demanda
ciudadana sostenida durante años con 700.000 firmas de apoyo. Es un hecho que nos
debería llenar de alegría, porque se hace realidad que ese “pueblomigrante ve una luz
grande para sus vidas. Parroquias, comunidades cristianas, creyentes en general, viendo
esta realidad desde la mirada de Jesús, apoyan y se alegran por este paso necesario,
independientemente de circunstancias de oportunidad política u otras que se están
mencionando con intención de confundir y amedrentar a la gente.
Pero las manifestaciones públicas del Arzobispo de Oviedo sobre esta materia,
reiteradamente usan argumentos y expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se
aproximan mucho más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como
sospechoso, delincuente, invasor… En concreto, en su última “aportación” hasta ahora,
insiste en que “todos no caben”, expresión absurda, entre otras cosas porque los que serán
regularizados ya están aquí. Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: “descartando a
cuantos se nos cuelan”. En otras ocasiones ha sugerido la invasión demográfica
musulmana planificada o que “algunos traen carnet de terrorista”. Sus palabras traslucen
una visión del inmigrante alejada de los valores cristianos y de la doctrina católica,
insistentemente reiterada desde antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con
gran empeño por el papa Francisco y ahora por León XIV.
¿Todos no caben? Debe recordar el Arzobispo que el ministerio sagrado no le confiere
competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene un país, en este
caso España, o una región, en este caso Asturias, para incorporar población inmigrante. Se
trata de una valoración que corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del
recurso de las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente signo en las
últimas décadas), debería ser establecida políticamente mediante leyes adecuadas. Por
cierto, que en la Fundación FOESSA de ritas hay excelentes técnicos en estas materias
que le podrán asesorar.
Y en vez de sembrar sospechas y reticencias, sería muy pertinente que hiciera una llamada
a todos los políticos para buscar un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal
estable y generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y propio de
su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al “bombardeo” tendencioso, usando
argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a
las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están
entre nosotros buscando una vida mejor.
¿Ha visto el Arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses recogiendo las manzanas
en las pumaraes de Asturias este pasado otoño? Pues ahí han estado, ganándose apenas la
manutención del día. Con su humildísimo trabajo están aportando a esa “Cultura de la
Sidra”, orgullo de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones
de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que ahora, ellos y otros muchos hombres
y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor, puedan trabajar legalmente y
tener los derechos que corresponden a la dignidad de toda persona (repase por favor
Dignitas Infinita, del Papa Francisco).
¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la
política de las deportaciones? ¿Va a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que
apoyaron esta medida de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su
discrepancia con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP que
reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de una expresión de
comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio.
¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio sentido común, es que cada vez van a
“caber” más, dada nuestra evolución demográfica y el contexto de nuestro mercado
laboral. Por ello, en lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio
pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda
“acoger, proteger, promover e integrar” al migrante (repase Fratelli Tutti de Francisco) y
que recuerda, en palabras de León XIV (Dilexi Te), que la misión de la Iglesia es construir
puentes, no muros, ver hijos donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante
rechazado es Cristo llamando a la puerta de la comunidad.
Le rogamos encarecidamente a monseñor Sanz que deje de avergonzar reiteradamente, con
sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de Asturias, que hace dieciséis años también
le acogió a él para ejercer entre nosotros no otra cosa que la función de pastor, maestro de
la fe y testigo del evangelio de la misericordia.
Firmantes:
José Manuel Parrilla, profesor de Sociología (Universidad de Oviedo) y Doctrina Social
de la Iglesia (Seminario de Oviedo), y con él Alegría García García, Alejandro Alas
Suárez, Alfonso Mascuñana Bordas, Alicia González García, Alida Hevia Alonso,
Amparito Valles Asenjo, Amparo Prieto Carvajales, Ana Álvarez Fernández, Ana M.
Begoña Sariego Martínez, Asociación Pro Inmigrantes en Asturias (APIA), Asunción
Beitia Ochoa, Beatriz Blanco García, Begoña María Cerra Lorenzo, Belén Negreira
Barcia, Carmen Garrido González, Charo del Blanco de la Red, Colectivo Revuelta de
Mujeres en la Iglesia” de Asturias, Covadonga Carreño Morán, Cristina Aguilar
Galindo-Bustio, Encarnación Suárez Sánchez, Estefanía García Pérez, Faustino
Castaño Vallina, Faustino Villabrille Linares, Fernando Albuerne López, Flor
González Muñiz, Francisco Barba Navas, Gloria Fernández Martínez, Gloria María
Blanco González, Guillermo González Pire, Hosanna Fernández Negreira, Irene Flórez
Blanco, Itziar Celigueta Pérez-Cuadrado, Itziar Munuera Fernández, Jesús Gallo
Alonso, Jesús Manuel Álvarez Álvarez, Jesús Rodríguez Rubio, José Ángel González
Arias, José Félix Botrán Gil, José Ignacio Alonso Gómez, José Luis Fonseca Orviz,
José Luis Suárez Sánchez, José Manuel García Paz, José María Alvarez Rodriguez,
José María Murias González, Juan Carlos Fernández Fernández, Juan Carlos Parada
Yáñez, Julia López Ruiz, Julio Cesáreo Álvarez Baizán, Justo López García, Lourdes
Prieto Carbajales, Lucía-Pía Fernández Gutiérrez, Luis Alonso Traviesas, Luis
Laureano Castañón González, Luis Manuel Flórez García, Luis Manuel Lobera García,
M. Josefa Sánchez Menéndez, Manolo Sánchez Murias, Manuel José Calzada Mier,
Manuel Rodrigo Fernández García, Marco Antonio Luengo Castro, Mari Carmen
Fernández González, María Angels Carabassa Rubio, María del Carmen Rosón
Álvarez, María Dolores Patón Sabucedo, María Elena Galán Hevia, María Fernández
Fernández, María Gallo Suárez, María Hortensia Fernández Vidal, María Jesús
Álvarez García, María Jesús Cortina Argüelles, María Jesús Fanjul Mori
(Comunidades cristianas), María Jesús Lavandero Ruiz, María Jesús Negreira Barcia,
María José Capellín Corrada (Forum de Política Feminista de Asturias), María Luisa
Intriago Pastor, María Paz Suárez Suárez, María Pilar Suárez Castaño, María Pilar
Vázquez Antuña, María Rosa de la Concha García-Mauriño, Marisa Martínez
González, Matilde Díaz González de Lena, Mina Blanco Juárez, Pablo Toral Gutiérrez,
Pedro Álvarez Martínez, Raquel Palacio Villazón, Remedios Vázquez Diz, Rosa A.
Gómez Fenández, Rosa Fernández García, Rosario Gonzalez Carreño, Rubén Orihuela
Sancho, Teresa Celigueta Crespo, Toñi Quirós Muñiz, Verónica del Fueyo Alvarez,
Victor García Ordás, Victoria Mejuto Vila, Cristina Menéndez Vega, Fernando Díaz
Malanda, Nieves Vallina Palacio, María Luisa Asprón García y Jesús Ángel Fernández
Fernández.
Con posterioridad a la publicación del manifiesto trascrito, se fueron produciendo en
nuestra diócesis asturiana otros apoyos personales y colectivos, como el de nuestras
Comunidades de Cristianos de Base de Gijón, que lo hicieron con el siguiente
comunicado:
Las comunidades cristianas de base de La Calzada y El Bíbio, expresamos públicamente
nuestro apoyo al escrito “Señor Arzobispo de Oviedo, deje de avergonzarnos”, firmado
por 101 personas cristianas, ampliamente divulgado estos días por los medios de
comunicación, que alza la voz contra el arzobispo Jesús Sanz por criticar la
regularización de migrantes, aprobada en el consejo de ministros el pasado 27 de enero.
Nos sumamos a la denuncia de que “sus argumentos extremistas se alejan del
Evangelio de Jesús y de la propia doctrina social de la Iglesia y se aproximan mucho
más a las consignas ultraderechistas que tratan de presentar al migrante como
sospechoso, delincuente, invasor…”
También queremos hacer notar a quienes acusan a los firmantes del documento de sacar
de contexto o malinterpretar las palabras del arzobispo, que se olvidan o desconocen las
frecuentes opiniones del mismo, coincidentes con las de los líderes del partido más
ultraderechista de la política española, con los que, no hace mucho, tuvo el honor de
fotografiarse, en Covadonga, a los pies de la imagen de la Santina.
Nuestras comunidades, que intentan siempre ser sensibles a las dificultades de las
personas más vulnerables y maltratadas, aplaudimos este manifiesto de repulsa a las
declaraciones del Obispo y al que ya se han sumado, por el momento, otras 264 firmas
en una campaña de recogida a través de la plataforma change.org.
Por una Iglesia feminista, igualitaria y al servicio de los más empobrecidos.
Comunidades de Cristianos y Cristianas de Base de Gijón.